Si la Divisa de la Obra es todo amor, ¡qué diremos de su Bandera, sino repetir con la Esposa de los Cantares! "El ha desplegado sobre mí el Estandarte de su amor".
Encima brilla la Divisa de la obra. ¡Viva Jesús! En el centro el Corazón de Jesús, atravesado con la lanza, coronado con doce estrellas que contienen las doce horas del Cuadrante; alrededor del Corazón se inscriben los nombres de los Socios. Un mundo de luz brota de la vista del Estandarte de la Guardia de Honor.
El Corazón de Jesús colocado en el centro como un sol radiante, anima y vivifica el mundo de las almas con su luz y calor
Las doce estrellas iluminadas por este Divino Corazón, recuerdan los "doce" Apóstoles, estos doce fundamentos de la Jerusalén celestial adornada con "doce puertas, formadas de doce perlas preciosas (Ap. 21,21). También recuerdan los doce frutos del Árbol de la vida y las doce horas que el Padre de familia concede a los obreros para trabajar en su villa.
Todo parte del centro y todo converge al mismo centro. La creación entera, salida de Jesucristo, vuelve a su Corazón como el término necesario de su vida. Mientras más se aproximan las circunferencias al foco, más participan de su influencia, mientras más se acercan las almas al Divino Corazón, son más vivificadas, iluminadas y transformadas.
Antes de llegar a este Corazón adorable y penetrar en Él, deben pasar, es verdad, "por la gran tribulación" (Ap. 7,14). Una valla de espinas se presenta, arroyos de sangre corren de una ancha herida, pero más adentro está "la visión de la paz" (Himno de la dedicación), el reino de la eterna felicidad. ¿Quién no querrá militar durante las doce horas de la vida para llegar allá? Sobre todo cuando gracias a la condescendencia del amor infinito, los combatientes de la penúltima hora pueden merecer la paga de los que han soportado el peso del día y del calor.
Una circunstancia providencial se relaciona con la parición del primer cuadrante de la Obra. Al acabarlo, las Religiosas de la Visitación de Bourg, lo llevaron al Monasterio de Paray-le-Monial, junto al sepulcro de su bienaventurada hermana Margarita María. ¡Qué sorpresa! En Paray-le-Monial se terminaba un cuadrante exactamente igual. Todo era idéntico, hasta los Patronos de las doce horas.
Una simple inversión en su colocación alrededor del círculo de las horas probaba que no habían obrado de acuerdo las dos Comunidades.
Se podía temer que la obligación de inscribirse en este piadoso cuadrante, fuese obstáculo a su difusión, pero no fue así. Todo socio tiene a gran honor ver figurar en él su nombre, esperando que al mismo tiempo sea inscrito en el Libro de la Vida: EL CORAZÓN DE JESÚS. Hay más, gran número de Guardias han querido ser enterrados bajo los pliegues de su bandera, llevando hasta la tumba puesto entre sus manos, el pequeño cuadrante de admisión como un billete de entrada para el Cielo. Nada debe parecer demasiado para animarse a seguir esta piadosa y consoladora costumbre.
La exposición pública del cuadrante de la Obra y particularmente en las casas, realiza el deseo que expresó Nuestro Señor a Santa Margarita María: "Mi Divino Maestro me aseguró, dice ella, que tendría un singular placer en ser honrado bajo la figura de este corazón de carne, cuya imagen quería que fuese expuesta en público para conmover el corazón insensible de los hombres, asegurándome que en todas partes en donde lo fuera, y singularmente se le honrara, atraería toda clase de bendiciones".