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Prácticas de La Guardia de Honor

Son tres:

  1. La inscripción de los Asociados en el cuadrante de la Obra.
  2. La Hora de Guardia.
  3. La Preciosísima Ofrenda.

I.- Inscripción en el cuadrante

Cuando Nuestro Señor inspiró a Santa Margarita María Alacoque la misión de promover en el universo entero el culto de su Divino Corazón, precisó en términos indiscutibles cómo entendía que se practicase este culto diciéndole entre otras cosas:

"Tengo un singular placer en ver mi amor honrado bajo la figura de un corazón de carne. Deseo que su imagen se exponga en público a fin de conmover el corazón insensible de los hombres".

Y añadió: "En todas partes donde esta imagen sea expuesta para ser singularmente honrada atraerá toda suerte de bendiciones".

Respondiendo a este llamamiento, la Guardia de Honor ha tomado por estandarte un Cuadrante horario formado por doce estrellas, teniendo en el centro la imagen del Sagrado Corazón de Jesús herido por la lanza con este lema: Gloria, Amor, Reparación.

Exige además, que los nombres de sus miembros ya inscritos en el Registro de la Archicofradía conforme a los Decretos Pontificios, lo estén también en el Cuadrante (que puede ser el cuadrante de admisión, la Cédula de Agregación).

En una época en que la religión de Jesucristo es desconocida o bien relegada a las iglesias y sacristías, y aun en algunas naciones es violentamente perseguida, Nuestro Señor reclama un culto público de fe, de reparación, de amor. Los Guardias de Honor se le ofrecen con toda la generosidad que merece el Corazón de su Rey y de su Dios, Rex meus et Deus meus!

El Cuadrante puede exponerse en un oratorio, una capilla y sobre todo en la iglesia al lado del altar o de la imagen del Sagrado Corazón. Puede también exponerse en el hogar familiar.

II.- La Hora de Guardia

Los mismos Asociados escogen su Hora de Guardia diaria; no deben cambiarla sino por razones legítimas.

No es necesario pasar esta hora en oración, ni en la iglesia, bien que se aconseja hacerlo si es posible. Diciendo un día Nuestro Señor a Santa Margarita María que quería "todo por amor, nada por fuerza", parecía precisar ya la manera de hacer la Hora de Guardia. Todo se deja a la iniciativa personal.

Cuando da esta Hora, los Asociados, sin cambiar nada de sus ocupaciones y sin dejar de cumplirlas lo mejor posible, van en espíritu al puesto de amor: el Sagrario. Allí ofrecen a Jesús sus pensamientos, palabras, acciones, alegrías y sus penas..., pero, sobretodo, el deseo de consolar al Corazón Divino con su amor.

Durante la hora que pasan unidos cuanto es posible a Nuestro Señor, orando, trabajando, sufriendo bajo su divina mirada, los Asociados hacen un acto de amor ofreciendo la pena y mortificación que haya en su trabajo, reiterando de vez en cuando la Preciosísima Ofrenda. Pero nada es obligatorio, cada uno sigue el impulso de su piedad y el atractivo de su alma para santificar esa Hora bendita. La Hora de Guardia no causa, pues, a nadie, ningún trastorno en sus ocupaciones o en el cumplimiento del deber, incluso en sus esparcimientos. Corresponde de hecho a la obligación de todo cristiano de santificar las acciones más indiferentes, haciéndolas para agradar a Dios y cumplir su santísima voluntad. Puede practicarse en todo tiempo y lugar, y por eso mismo es accesible a todos.

De esta manera la Hora de Guardia ha penetrado con facilidad maravillosa en las diversas clases de la sociedad, el hogar doméstico, la fábrica, el taller, la escuela, los hospicios, etc. Si hoy, lamentablemente, en todas partes se olvida y se desconoce a Jesús y se procura incluso desterrarle,la Guardia de Honor le hace presente en todas partes.

El Asociado debe estimar en mucho su Hora de Guardia, esperar con alegría el momento de consolar a Jesús. El buen Maestro sabe cuáles son aquellos de sus queridos Guardias de Honor que a cada hora deben llegar a sus pies. Su Corazón los espera... ¡Quién dirá las gracias que entonces les concede!...

III.- La Preciosísima Ofrenda

La Archicofradía propone a sus Guardias de Honor como modelo de su piadosa función esta primera y heroica Guardia de Honor: María, Juan, Magdalena, que siguió valerosamente a Jesús al Calvario, le consoló en el supremo abandono y testigos de la abertura misteriosa de su Sagrado Corazón, le ofrecieron las primicias del culto de amor y reparación que los Guardias de Honor secundan hoy con tanto celo.

Una gracia incomparable recompensó la fidelidad de los Guardias de Honor del Calvario: María, Juan y Magdalena fueron llamados a recoger la efusión suprema de la Sangre y Agua que brotó del Corazón traspasado del Salvador, ofreciéndola a Dios Padre, inauguraron por esta preciosa ofrenda una especie de participación del sacerdocio de Cristo que los Guardias de Honor reivindican hoy como porción escogida de su herencia.

¡Los crímenes aumentan, la iniquidad abunda, y la justicia divina parece pronta a descargar!... Pero si la adorable víctima del Calvario ha encontrado hasta en la muerte el secreto de defender nuestra causa ante su Padre, por la Herida y la Sangre de su Corazón, ¿no es cierto que en esa Divina Llaga siempre abierta queda una virtud de reconciliación infinita? Y ¿cómo no abrigar la esperanza de que conmovidas las naciones con la vista de ese Corazón herido, que las llama y las espera siempre, vengan, por fin arrepentidas a arrojarse a los pies del divino Crucificado, según estas palabras del Profeta: "Verán a Aquél que han herido y llorarán como llora una madre a su hijo único?".

Ciertamente que así será, sobre todo si los millares de Guardias de Honor que cubren el mundo comprenden su importante misión e interponen, a toda hora, entre los crímenes de los hombres y la justicia de Dios, la preciosísima Sangre y el Agua salidas de la Herida del Corazón de Jesús, ofreciendo a la Majestad infinita esta oblación pura, como una súplica continua y una reparación permanente.

Durante la Hora de Guardia cada Asociado está particularmente encargado de ofrecer este cáliz de bendición al Padre Eterno. Puede hacerlo de una manera mental y desapercibida, al ir y venir, trabajar o sufrir, conversar incluso; un solo impulso del corazón basta.

En realidad, los Guardias de Honor prosiguen cerca del Sagrario la santa vigilia del Calvario reproduciendo su triple amor:

Con MAGDALENA, el amor arrepentido. Penetrados del recuerdo de sus faltas se postran ante el Corazón Herido del Buen Maestro y le consuelan con su amor durante la Hora de Guardia.
Con JUAN, el amor reparador. En pie cerca de Cristo Crucificado recogen y ofrecen sin cesar a Dios por las necesidades de la Iglesia y la conversión de los pecadores, la Preciosísima Sangre y Agua salidas de la Herida del Corazón de Jesús.
Con MARÍA, el amor inmolado. Se unen víctimas voluntarias al Salvador perpetuamente sacrificado sobre nuestros altares y cooperan en Él por sus propios sacrificios a la salvación del mundo.

El fin de estas almas generosas es no solamente dar amor por amor, vida por vida a este Corazón que se agotó amándolas, sino también obtener el triunfo de la Santa Iglesia y la salvación de los pobres pecadores por la aceptación de sus penas, amarguras y cruces con que la Providencia siembre su camino, y aún por voluntarias inmolaciones.

¿Quién podrá decir la gloria procurada a Dios por tales almas, la eficacia de sus súplicas, la perfección interior a la cual se elevan y los consuelos que prodigan al Divino Corazón?

IV.- La comunión reparadora y la Hora Santa

Añadamos que la Guardia de Honor invita a sus miembros a que hagan la Comunión Reparadora el primer viernes de mes como también el ejercicio de la Hora Santa en la noche del jueves al viernes, doble práctica tan recomendada por Santa Margarita María.


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